Ya sea porque todavía no me puse dos bidones de siliconas, ya sea porque mi nombre puede sonar raro y/o ambiguo, ya sea porque hace poco publiqué que había jugado fútbol… cualquiera fuere la causa, igual me molesta que, en el momento de hablar de cualquier cosa, los hombres generalmente se olviden de que soy mujer y me traten como si fuera otro tipo o el amigazo de toda la vida.

A ver, no necesito saber que anoche garcharon durante cinco horas, no me importa si hacen acabar a la novia como nadie, no me interesa si dejan a las minas llorando leche, no me importa si el finde conocieron a una burra que los dejó hecho mierda, me resbala si la amante los espera en calzones todas las tardes, me da igual si la tienen tan larga que si la meten por el orto saluda por la garganta.

Esas cosas cuéntenselas a los amigos, al almacenero, a los conocidos del club social y deportivo del barrio, a los compañeros de laburo, a los viejos si les da la cara, pero a mi no.

Aunque no lo crean, soy mujer y no da para que me expliquen con lujo de detalles sobre las encamadas que tienen, sencillamente porque hay cosas que se pueden compartir con el sexo opuesto y otras que no, por mas confianza que haya.

Ojo, no es que me vaya a asustar de algo, simplemente no me parece adecuado tener que leer un reporte explícito de cada experiencia sexual que tienen. Es al pedo, no me da envidia y mucho menos me calienta.

Especialmente porque es obvio que todo es puro paco*





*a ver quien es el primer gracioso que salta con el chistecito de que si Paco es el hijo del viejo Gerte.

-Y Lau, ¿como pasaste el finde largo?

-Ay maso, Dal

-¿Por? ¿Te jodió la lluvia?

-No. Al final arrancamos con Andrea para Punta. Fuimos a bailar todas las noches, nos tomamos todo, nos fumamos media Colombia, hicimos playa lunes y martes, y nos volvimos hoy de madrugada.

-¡¡¡Me hubiesen llamado que yo estaba re cerca, huevonas!!! ¡¡Las voy a matar!!

-Igual no te perdiste gran cosa porque no pintó coger con nadie. Por eso te digo que pasamos masomeno.

-Ahhh… ¿o sea que un finde largo sin sexo ocasional no es merecedor, a pesar de todo lo que hicieron?

-Y no, Dal. ¿Que me importa esa pelotudez de andar aplaudiendo atardeceres en la playa? Si te vas de vacaciones y no la ponés con algún desconocido, no hay arenita que te consuele.



...y después dicen que tengo malas juntas.

Desde que me metí en la blogósfera tuve la alegría y la pena de encontrarme con gente muy pero muy talentosa.
Alegría porque el contacto con dichas personas me trajo momentos y conversaciones maravillosas, y pena porque veo que lastimosamente hay tanta cosa buena por ahí que no es reconocida.
Es increíble el papel que juega el factor suerte para alcanzar el éxito.
Sin ella, no hay talento ni genio que valga.
Cuán a menudo vemos gente que se lleva todos los aplausos por tal libro y nos preguntamos como puede ser, si en comparación con fulano de tal escribe horrible.
La respuesta al “como puede ser” es que justamente esa persona tuvo la suerte de estar en el lugar justo, en el momento justo y conocer a las personas justas; mientras que el fulano de tal no.
“Algunos nacen con estrella y otros estrellados”… y no hay verdad mas grande.
Que a la suerte hay que ayudarla, sin dudas. Si nunca jugás a la lotería está claro que nunca te la vas a ganar.
El tema es que al que tiene suerte, las cosas parece que se le dan casi por si solas. Es como si todo le cayera de arriba sin el menor esfuerzo.

¿Qué tendrán los suertudos que no tienen los demás?
¿Serán más arriesgados? ¿Será algo genético?
No lo sé, lo único que yo sé es que la que entró después que yo al probador de Daniel Cassin en el Montevideo Shopping, tuvo un tarro de novela porque se llevó mis lentes Mormaii carísimos, divinos y con poquísimo uso.
Que los disfrutes mucho, culona.

-Dale dale mami, vení a jugar a la pelota con nosotros.
-No jodas que hace mucho calor, aprovechá que está tu padre y jugá con él.
-Pero yo quiero que juguemos los tres ahora… dale… dale… porfi.
-No tengo ganas, dejame descansar un rato. Otro día juego contigo.
-Dale… dale… vení… dale… porfi… así aprendés… dale… dale… un ratito… no seas mala… dale… cinco minutos... tomo toda la leche si venís… dale… somos nosotros dos contra papá…dale… dale… dale
-UUUUUUUFFFFFFFFFFFFAAAAAAAAA, bueno ya voy, ya voy, como hinchan con la pelotita, ni tomar sol se puede.


Y fue así como dejando de lado el mp3, la coca fría y el libro de Ludovica Squirru, entró mamá al partido.
Todo muy civilizado y deportivo, hasta que el rival de casi dos metros (sacando a relucir la garra charrúa y vaya a saber que otra bronca que debe tener bien guardadita), me intercepta y me hace trastabillar provocando una torcedura de tobillo que hace que en este momento esté en la oficina a base de calmantes y con la pata arriba de la torre de la compu.

- “Uy disculpame, no te vi”, dijo todavía.
-¿Pero sos un tarado, como no me vas a ver si somos nosotros tres nomás?, le contesto onda "Condorito exijo una explicación".

Claro ya entiendo, lo que pasa es que mamá es una amenaza en la cancha.
Obvio que había que marcar muy de cerca a mamá porque se venía terrible gol antológico digno de la tapa del suplemento deportivo de El País.
Es que mamá se adueña de la pelota. Mamá es una cruza entre Forlán, KK y Messi, es una locomotora imparable, el Toto Da Silveira suda y se emociona cada vez que mamá ingresa a la cancha.
Es más, entre bambalinas se comenta que ya se la disputan el Manchester, el Barza y el Badajoz de Tinelli, pero que mamá no sabe que hacer porque tiene miedo de mostrar lo buena que es y que después la tilden de machona.
Y como será de genial mamá que hasta habla en tercera persona como los jugadores profesionales.

No no, pero que hijo de puta. Que ganas de hacerme esto a mí que soy troncasa para cualquier deporte (excepto para los que tienen ruedas).
Está claro que alguna se cobró porque sino no se justifica ese accionar tan competitivo.
Digo, yo soy competitiva también, pero tengo mis límites. Por ejemplo, cuando juego a las carreras con la play no le paso por arriba a mi hijo y le canto “lero lero, perdiste perdiste jo jo”, mientras bailo y le muestro el culo. Hay veces que me dejo ganar, otras no y muchas otras (cada vez más) el pendex me gana bien.

Pero a vos, que me lesionaste, que caro te va a salir esto. Caro en serio. Para arrancar, preparate para clavarte varios fines de semana consecutivos (porque yo apenas me puedo mover, pobrecita) y preparate para afrontar gastos extras totalmente “inesperados” (este colegio viste que te sale con cada cosa…).
En definitiva, preparate para andar con poco tiempo y poca plata.
Yo mientras tanto voy entrenando con la Wii Fit de una amiga y en unas semanas te invito a otro partidito.

Yo no sé ustedes, pero si voy caminando por la vereda y veo que en sentido contrario viene alguien con pinta medio rara, cruzo para enfrente.
¿Precaución o una lisa y llana discriminación?

Dos por tres me lo pregunto, porque si bien me jacto de no ser una persona que prejuzga por el aspecto exterior, tengo que reconocer que en esto un poco lo hago.
Si lo razono, me doy cuenta que la persona que viene con “fea pinta” puede ser perfectamente un laburante que ni ahí con querer robarte y, justamente, aquel que viene de traje todo prolijito te saca hasta lo que no tenés.

Incluso me doy cuenta que discrimino por sexo. Jamás pienso que una mujer me puede robar, por más jodida que parezca. Y sin embargo, hay cada una que te pegaría una puñalada por media dosis de pasta base.

Siempre que me encuentro en esa situación, pienso antes de cruzar porque me parece super chocante y me da la sensación de que estoy quedando pegada.
Pero bueno, no lo puedo evitar y me hago la pelotuda como que estoy buscando una dirección y justo es en la otra senda.
Después me digo que no lo voy a hacer más, que es al pedo, que si me quieren robar igual van a cruzar atrás mío y punto. El cambiar de vereda no me otorga un escudo protector contra los chorros ni me da superpoderes.
Obvio, a la siguiente oportunidad me olvido del razonamiento y termino en la misma.

En fin, ¿cuántos estereotipos tenemos incrustados en nuestras cabecitas, no? Y que jodido es sacárselos de encima.
A mi me cuesta mucho evitar cambiar de vereda cuando alguien no me cierra del todo. Y me hace sentir mal.
Aunque claro, peor me sentiría si cambiasen de vereda cuando me ven a mí.

Me disponía a publicar algo en el muro del Facebook de un amigo (EX amigo a esta altura) y ¡opi!, no lo podía encontrar por ningún lado.
Busqué uno por uno en forma artesanal, con el buscador por iniciales, apellido y nombre, nombre y apellido, seudónimo, y todas las formas habidas y por haber, cuando veo que el susodicho ya no figura más entre mis amigos.

Que raro…, entonces le escribo para ver que pasó (porque fue él el que me sacó, las cosas no se borran solas). Y me dijo que la mujer, que es bruta celosa y re loca, anduvo fisgoneando en su face y le dió una lista de las féminas que debía borrar de sus amistades. Se salvaron aquellas que no significan una amenaza para su sacrosanto matrimonio (léase feas incogibles). Obvio que este infeliz aceptó sin chistar, como buen tarado que es.

Y yo pensaba que había visto todos los extremos de polledurismo y pelelez… pero no, siempre aparece algún caso que supera todos los demás.
Si me dijeras que entre nosotros hubo algo, pero nada que ver. Nos conocemos hace 5 años y jamás pero jamás pasó nada, porque él no me gusta a mi y yo no le gusto a él. Éramos amigos y punto. Pero bueno, parece que la señora no lo deja tener amigas mujeres para estar a salvo de las guampas (querida, te aviso que de las guampas y la muerte no se salva nadie).

Ojo, yo entiendo hacer determinadas concesiones a los reclamos de la pareja para conservar la relación. No solo lo entiendo, sino que yo también lo hago. Pero todo tiene que tener una coherencia, un sustento real que haga que dicho reclamo sea válido. No existe andar acatando órdenes como un perro porque sí, porque al otro se le canta y chau.
Imaginate si todos nos pusiéramos celosos de los amigos del Facebook de nuestras parejas, o de sus contactos del messenger, o de sus compañeros de trabajo, etc etc. Viviríamos envenenados y angustiados todo el día.

Para que la cosa funcione hay que dejar vivir y no ser tan persecuta, porque justamente esa obsesión por el otro es lo que nos hace candidatos número uno para unos buenos cuernos.

De todos modos, no hay mal que por bien no venga. Me alegro no tener mas entre mis amigos a este ser tan falto de hombría, a este eunuco que hace que hasta un chihuahua castrado parezca un semental al lado suyo.

Perdón por la falta de elaboración del post. En realidad pensaba escribir sobre otra cosa, pero esto sobrepasó cualquier tema planificado.

Me tocaba ir al dentista.
Y fui, porque las cosas horribles hay que sacárselas de encima lo antes posible.
Sala de espera hasta las bolas de adultos leyendo, pendejos escuchando música, madres parloteando, adolescentes pajereando con mensajecitos de texto, histéricos golpeteando el piso en señal de impaciencia... y yo, que seguía con los ojos la ruta de una mosca, jugando a predecir donde se iba a posar cada vez que levantaba vuelo.
No acerté ni una vez. Estoy segura de que esta mosca forra sabía que yo la estaba mirando porque cada vez que parecía que se iba a quedar en un lado me hacia un “oooossssooooo” y se iba para otro, desconcertándome.
Ante el miedo de obligarme a reconocer que esta mosca tenía una mente superior a la mía, desistí de la contienda.
Fue entonces que presté atención a la conversación de dos señoras sentadas frente a mí.

-Ahhh ¿pero esa es tu hija? ¡Que linda que es!... toda una señorita... debe tener muchos dragones.
¡DRAGONES! , FUUUUAAAAA esa palabra fue el gatillo para una catarata frenética de imágenes de mi adolescencia (en technicolor, tampoco soy tan vieja)
¿Como nunca hablé de los dragones? ¿Como me pude olvidar de ese clásico personaje, infaltable en la vida de (casi) todas las mujeres?
Hay que hacer justicia y publicar un post sobre los dragones.
Y que mejor ocasión que ahora que estamos acercándonos al Día de los Enamorados, me dije mientras el dentista me torturaba sádicamente con el torno (no es joda, el tipo disfruta con el dolor ajeno).

El dragón es aquel adolescente que se relaciona con sus pares femeninas pero sin llegar a comprometerse nunca. El dragón revolotea, anda en la vuelta, llama de vez en cuando... pero nadie lo conoce. Es más, no hay uno en la familia de la nena que pueda decir a ciencia cierta si el famoso dragón existe realmente, porque nunca nadie lo vio (debe ser por eso que se llaman dragones).
Es una presencia que se siente pero no se ve. Cuando suena el teléfono en medio de la cena, la nena se va a hablar a otro cuarto sin dar explicaciones, y hasta ahí llega el único indicio que pueda dar lugar a sospechas de que por fin apareció un dragón en la familia.

El dragón no calienta sillones porque jamás va a entrar a tu casa cuando hay gente.
El dragón te espera en la esquina. Y SOLA, ni se te ocurra ir con tu hermanito chico. Al dragón no le gusta el guacherío, le rompe las pelotas.
Nunca va a ir con tu familia a la playa, ni a tomar mate con tu vieja, ni a alcanzarle el diario a tu viejo, ni a escuchar por enésima vez las anécdotas de tu abuelita y su operación de la cadera.
Al dragón le importa tres carajos caerle bien a tu familia. "Para eso están los novios", piensa el dragón.

Por otra parte, estaba permitido tener varios dragones sin necesariamente ser considerada una atorranta. Todo lo contrario, mamá se ponía contenta si a la nena la dragoneaban y papá se hacía el duro como que no le gustaba, pero por dentro se quedaba tranquilo de que la hija no fuera un pescado como la mujer.
Tanto beneplácito era porque estaba el mito de que el dragón era solo para apretar y hasta ahí llegaba.
¡ERROR! Hay dragones que, gracias a una técnica exquisita y perfeccionada, supieron ponérsela a la señorita más veces en un mes que lo que pudo el posterior marido durante todo el noviazgo.

A diferencia del novio formador, al dragón no se le exigía que se recibiera de algo algún día o que tuviese un buen puesto en una oficina, porque no nos íbamos a casar con él.
Teniendo facha y vistiéndose bien alcanzaba, aunque fuese cadete de un almacén pichi.

En mi época, que no existían los mensajes de texto ni la internet, los dragones generalmente eran del barrio o compañeros de clase. Nos veíamos en la feria, cuando paseaba al perro, cuando salíamos a tirar cuetes en las fiestas o sencillamente de pasada.

En resumen, si no te involucrabas emocionalmente, los dragones daban felicidad y subían la autoestima, por eso jamás los consideré unos hijos de puta.

Todo lo contrario, a todos ellos les guardo el mejor de los cariños porque me dieron recuerdos muy buenos.

¡Salud, queridos dragones de mi vida! Este post es para ustedes.

Una muestra de como puede funcionar mi mente cuando me aburro (como hoy, por ejemplo)


Cuándo: ponele cualquier sábado de estos
Hora: ponele dos y media de la mañana
Lugar: ponele BarbaRoja (a los visitantes de afuera les comunico que es un pub de acá que me gusta mucho y además venden una cerveza exclusiva que está impresionante)
Quiénes: ponele tres hombres y tres mujeres que estan charlando y tomando algo

Si en medio de ese contexto yo les dijera que en un momento las tres mujeres se levantan para ir juntas al baño, nadie pondría cara de asombro.
Ahora, si les digo que fueron los tres tipos que se levantaron al unísono para ir al baño ... ¿cara de qué pondrían?

En serio, che ¿que mierda está pasando en este fokin mundo recalentado? ¡No existe que los hombres vayan juntos al baño!

¿Por que? ¡Y yo que se por qué! La cosa es que no da, eso es de minas y punto.
Por más que dé la casualidad de que todos se estén recontra meando al mismo tiempo, uno tiene que esperar que salga el otro para ir.
¿Que es un concepto sexista? ¡Obvio que si! Y bueno, a joderse y a aguantarse, macho.

Ladies, pensemos juntas las posibles razones ocultas...

¿Será para repartirse las minurrias como si fueran cartas españolas? - 1% de posibilidades
¿Será porque no sabían como iban a hacer para pagar? - 3% de posibilidades
¿Será para ver si todos llevaron forros? - 0,1% de posibilidades (no existe el hombre tan previsor)
¿Será para ver si tenían sms de las esposas? - 0,9% de posibilidades
¿Serán putos negados? - 95% de posibilidades

Tal vez la desaggiornada sea yo y esto de ir varios hombres juntitos al baño a chusmear sea una nueva moda.
Si es así, juro que me bajo YA del bondi de las salidas nocturnas para quedarme dentro de casa acompañada de aquellas cosas que sabés que jamás te van a defraudar: faso, pizza, alcohol, la play y Johnny Depp.

Página principal

 
ir arriba